Han sido muchas las monedas de 25 pesetas que todos hemos gastado en el
pasado, cuando entrábamos en el viejo salón recreativo y contemplábamos
absortos las lucecitas de las máquinas del millón. Y no habrán sido pocas las
veces que hemos soñado con tener uno de estos artefactos en nuestra casa.
De este modo encontramos que, a lo largo de
la dilatada historia de los videojuegos, existe una larga lista de juegos
dedicados a emular a una mesa de pinball. De todo hay en la viña del señor,
pero lo cierto es que los veteranos del lugar recordamos grandes éxitos como
la excepcional trilogía Pinball de Digital Illusions –Dreams,
Fantasies e
Illusions- o la original saga
Pro Pinball. Lo cierto es que,
conforme ha ido avanzando la tecnología del hardware de entretenimiento, el
decrecimiento en el número de juegos en este género ha sido patente. Quizá
este concepto resulte demasiado simple a las desarrolladoras para los tiempos
que corren, pero el caso es que Sony ha trabajado duro para inventar Flipnic,
un pinball de “última generación” capaz de sorprendernos en cada mesa de juego
y de girar un poco más la tuerca del género.
¿No os creéis que un juego de estas
características pueda conseguir el ansiado calificativo de original? Pues lo
cierto es que hasta la introducción es, cuando menos, insólita: las
desventuras de un mono con una caña intentando pescar algo, en una pixelada
secuencia aleatoria, distinta cada vez que carguemos el juego. Al comenzar a
jugar –por el principio, como está mandado- empezamos a catar lo que puede
ofrecernos Flipnic: mesas gigantescas compuestas de varios tableros unidos por
enlaces de diversa naturaleza.
Pero conforme avanzamos de nivel el juego
nos irá resultando cada vez más distinto a todo lo que podíamos esperar de él.
Las luces de neón comienzan a invadir las psicodélicas mesas –no se me ocurre
adjetivo más apropiado- y comprobamos que la bola es capaz de brincar,
disparar y multiplicarse. Nuestra habilidad a la hora de emplear los petacos
para impulsar la bola y evitar que ésta no caiga de la mesa será tan
importante como la de saltar en el momento justo o afinar en la puntería con
el láser ante un final boss, por poner un ejemplo descriptivo.
Y después, justo después de tal vorágine de
efectos especiales, volvemos al pasado en un entrañable homenaje a los
primeros juegos de pinball que aparecieron en las máquinas arcade allá por
finales de los 70.
Cada mesa encierra una ingente cantidad de
subjuegos, los cuales serán la clave para poder pasar de fase. Nuestro
principal cometido será completar las subtareas de color rojo, mientras que
las de color amarillo nos servirán para acumular puntos y, por supuesto, para
aumentar nuestro entretenimiento. Un entretenimiento que vendrá complementado
por el modo multijugador, diseñado en forma de cuatro juegos que enfrentan a
un humano contra otro y convirtiendo la mesa de billar en un campo de fútbol o
una cancha de baloncesto. Extraño, original y complejo a la vez, todo a partir
de una idea tan simple como antigua. Solo por eso merece la oportunidad de que
lo probéis, porque en muchas ocasiones nos dará la sensación de estar viendo
algo absolutamente nuevo. Otra cosa será que la acumulación de tareas a
realizar y la sensación de ‘caos’ que a veces tendremos al recorrer las mesas
agraden a todo el mundo.

G r á f i c o s
Partiendo de la base de que al fin y al cabo
esto es un pinball –a veces muy en el fondo-, Sony ha conseguido recrear un
entorno gráfico tremendamente espectacular. En total tendremos cuatro niveles
diferenciados, los cuales habrá que ir desbloqueando conforme avanzamos en el
juego. Las tablas que componen las diferentes mesas están modeladas en tres
dimensiones, lo cual permite que el programa juegue con las cámaras en cada
momento, ofreciéndonos cambios de vista, alejamientos y primeros planos de
zoom que resultan bastante efectivos y espectaculares.
Obviamente el detalle de las texturas y
efectos gráficos no se va a colocar a la cabeza de la tecnología jugable del
catálogo PS2, pero sí es verdad que la variedad de los mismos será ingente,
destacando la iluminación dinámica utilizada para recrear las luces de neón o
la texturización a modo de cristal líquido en algunos de los enemigos que
nuestra intrépida bola deberá derrotar. Las animaciones y el scroll de
pantalla se llevan a cabo con mucha fluidez, y a pesar de la carga gráfica que
a veces pueda darse, no hallaremos ni rastro de ralentizaciones.
Profundizando un poco en el tema de las
mesas, hay que alabar el derroche de imaginación de los creadores de Flipnic,
puesto que en más de una ocasión fliparemos –nunca mejor dicho- con la
posición de bumpers, obstáculos, interruptores y todo tipo de caminos por los
que podremos conducir a nuestra canica de metal, así como con los enlaces
entre tablas. Y es que cada nivel está compuesto de varias tablas a su vez,
dando como resultado las mesas más gigantescas que nunca hayamos visto. El
diseño de cada nivel es un alarde de originalidad y un auténtico reto a
nuestros reflejos. Reseñar que no todas las mesas rayan al mismo nivel de
calidad, pero en general podemos hablar de un notable alto en este sentido.
Hablando de la bola, hay que decir que se ha
conseguido recrear perfectamente la simulación física, tanto en su peso y su
movimiento de inercia, como en la acción-reacción con los impactos de los
petacos. En todo momento tendremos la sensación de que verdaderamente hay una
bola metálica que rebota contra todo tipo de obstáculos en la mesa. Sony sabía
que este detalle es totalmente esencial en un juego de estas características,
y no ha fallado en su cometido.
Cada vez que activemos un subjuego
asistiremos a la reproducción de un vídeo no interactivo -de calidad bastante
decente- que presentará el desarrollo del mismo. Este hecho nos agradará la
primera vez que lo veamos, pero en sucesivas ocasiones hará que perdamos el
frenético ritmo al que nos acostumbra el juego, ya que no se pueden saltar. En
mi opinión se trata de un fallo que podía haberse evitado fácilmente, puesto
que no tiene mucho sentido ofrecer tales pausas en la acción. Aún así, uno se
llega a acostumbrar. Así descansamos los dedos unos instantes…
S o n i d o
La banda sonora que se incluye en este DVD
presenta una amplia gama de cortes musicales, los cuales van a ir cambiando
según lo que se vaya desarrollando en el tablero de juego. Cada uno de los
cinco entornos que nos ofrece el juego tendrá su propio estilo de música,
acorde con sus características… música a ritmo de samba para la selva o toques
techno para la mesa de metalurgia. Tan pronto escucharemos melodías relajantes
–cuando la actividad en la mesa sea tranquila- como músicas cañeras para
acelerar aún más el ritmo de juego. Sin grandes alardes, cumplen perfectamente
en su función de ambientar cada nivel.
Los efectos de sonido de los que Flipnic
hace gala van desde el clásico y castizo golpeo del petaco hasta el típico
‘ding’ de los bumpers, pasando por una melodiosa y dulce voz que nos
anunciarán distintos eventos como el multiball, y otra voz masculina
advirtiéndonos de un peligro inminente para la bola. Quizás se eche en falta
algo más de variedad en el conjunto de samples, aunque no es algo realmente
importante en este juego.

J u g a b i l i d a d
Gracias a la estupenda física –antes
mencionada- que Flipnic ofrece, la bola se mueve y reacciona de forma
totalmente realista, permitiendo calibrar con nuestro gamepad la potencia
justa y necesaria para los retacos en cada momento dependiendo de donde
necesitemos dirigir la bola. Esto posibilita que podamos afrontar los
numerosos retos que tendremos que superar para completar al cien por cien el
juego y descubrir todos sus secretos. Y es que cada una de las cuatro mesas
contiene más de una decena de subtareas distintas que asegura una
rejugabilidad bastante duradera.
Precisamente en este punto radica el único
gran defecto que se le puede achacar a Flipnic, y es que Sony, en su afán de
rizar el rizo, ha complicado en demasía determinadas zonas de juego. Algunos
minijuegos son demasiado confusos y complejos de realizar, ya que dependen
mucho de la dirección en la que salga despedida la bola al chocar con
determinados obstáculos, cosa que en muchas ocasiones es aleatoria; por otra
parte, existen zonas a las que resulta demasiado complicado acceder siendo
esenciales para completar el nivel correspondiente, hecho que puede llegar a
desesperar al más curtido en estas lides.
Dejando a un lado los puntos oscuros del
programa, que ya hemos comentado extensamente en las primeras páginas de este
análisis, Flipnic ofrece en líneas generales una experiencia jugable bastante
satisfactoria y sobre todo original, mezcla del pinball más clásico con
pinceladas de acción y plataformas.

C o n c l u s i ó n
Un pinball excéntrico, surrealista, complejo
y muy, muy divertido. Sony no se ha contentado con poner un notable aspecto
técnico al servicio de un pinball tradicional. Al contrario, ha ido mucho más
lejos, cogiendo ideas de aquí y de allá y realizando todo un derroche de
creatividad a la hora de diseñar las mesas de modo que nadie quede indiferente
ante esta original obra lúdica. Por esto y por muchos más detalles, Flipnic
merece toda tu atención.

Análisis por
Jesús Relinque.
17 de Marzo del 2004.