Ted Zale es el autor de juegos que se han convertido en auténticas leyendas
del mundo del pinball, es por eso que todo el mundo suele referirse a él como
"El Legendario Ted Zale"

Las interesantísimas asimetrías de Zale, unidas al
arte de Dave Christensen se convertían en una combinación explosiva que hacía
que cada nueva máquina que diseñaba fuera una auténtica obra de arte
irresistible para los jugadores de pinball de todo el mundo.
Hasta aquellos años las máquinas del millón
eran algo un tanto "educado" y
"respetuoso", casi una cosa de caballeros. Pero ahora los petacos
se estaban convirtiendo en algo mucho más salvaje, más "callejero". Se estaba dejando a un lado la caballerosidad para dar preferencia a la vistosidad, a los colores
vivos, al volumen,
a la velocidad y al control de la bola.
A
la máquina se le llamó Fireball en honor a una montaña rusa del parque de
atracciones de Riverview Park
que se veía desde una de las ventanas de la fábrica de Bally. La atracción fue construida
originariamente en 1923 bajo el nombre de The Blue Streak Coaster y remodelada
posteriormente en Fireball en 1959. Fireball era una de las montañas rusas más
rápidas jamás construidas llegando alcanzar -según los dueños del parque-
incluso las
100 millas por hora. Las leyes de seguridad en atracciones de Chicago solamente permitían
caídas de hasta 22 metros, pero los diseñadores de Fireball, buscando la
espectacularidad, encontraron un
método para burlar la ley construyendo una zanja que aumentaba la caída.


Entrada a Riverview Park (Chicago)
La montaña rusa Fireball
Cuando Riverview Park,
que era el parque de atracciones más grande de Chicago, cerró a finales de los 60 sus atracciones se convirtieron
en una leyenda.
Hasta aquel momento
los tableros de juego de las máquinas del
millón solían ser simétricos, con dos mitades idénticas en cada uno de los
lados y el
pasillo del lanzador en la parte derecha, desembocando en un arco superior.
Con Four Million B.C.
(Bally 1971) Ted Zale creó un tablero asimétrico nunca visto hasta entonces. El pasillo del lanzador
arrojaba la bola por mitad de la mesa
para desembocar en un arco superior ¡pero situado en el lado izquierdo! Este inusual detalle, unido a las dos bolas cautivas,
al pateador y a los flippers de
cremallera convertían el pinball en algo terriblemente confuso en las primeras
partidas. Pero
tras esa breve primera impresión, la experiencia de juego era asombrosa.
Debemos tener en cuenta que aunque estos
detalles se nos antojen nimios hoy en día, en una época en la que estamos
acostumbrados a todo tipo de novedades, en los
años 70 estas genialidades eran lo que marcaban la diferencia entre unas máquinas y
otras. Y lo que abrían puertas a ideas y diseños que son los que ahora mismo pueblan las
máquinas modernas.
Uno de los detalles más característicos de Fireball era
el disco giratorio situado en el centro de la mesa (también llamado Whirlwind
Spinner algo así como “molinillo torbellino”) que rotada durante toda la
partida. El
disco giratorio se convirtió en un elemento muy conflictivo, ya que muchos jugadores
consideraban que le daba demasiado protagonismo al azar, elevando el
componente suerte muchísimo, ya que no había forma de poder predecir la
trayectoria de la bola e incluso el mejor de los wizards podía encontrarse
desolado, observando como las bolas le iban una tras otra de cabeza al
sumidero. Para muchos jugadores este elemento desequilibraba la balanza de un
juego perfecto.

Fireball además incorporaba una bola cautiva y dos
platillos (Odin y Wotan) en cada uno de los lados del campo de juego donde las bolas
permanecían atrapadas dando lugar a la posibilidad de jugar un multiball de
tres bolas. Uno de los detalles que no gustaron fueron los dos flippers de cremallera (o zipper flippers)
que en aquella época fueron considerados un poco anticuados debido a su reducido
tamaño, ya que desde hacía aproximadamente 2 años casi todas las máquinas
salían al mercado con flippers más largos.
A pesar de que todos estos elementos se habían visto en
otras máquinas, como por ejemplo
Four Million B.C. (también diseñada por Zale), fue Fireball quien se encargó de cristalizar toda esta amalgama
en un crisol único.
El impacto
de Fireball fue inmediato, convirtiéndose en un
superventas. Se
produjeron 3.815 unidades, alcanzando el 2º puesto en cifras de ventas de la
época, tras Capersville (Bally, 1966) de la que se habían producido unas 5.000
máquinas más o menos.
Playboy Magazine, en su ejemplar de Diciembre de 1972 denominó a Fireball
como “the perfect pinball”. Fireball fue uno de los últimos juegos de Ted Zale. Y
definitivamente su más famoso. Es una de las pocas máquinas que vale
más ahora que cuando salió al mercado.